Publicistas muertos, una historia de terror

Puntos suspensivos dorados
Google Shopping Experience

Esta célebre leyenda, sin duda, una de las más terroríficas jamás contada, se remonta a la noche del 31 de de octubre de 2019, cuando tres bellas e inteligentes jóvenes deciden pasar una “noche de pijamas” inocente y entrañable. El motivo no es otro que comer pizza y dormir junto a sus seis gatos. 

De repente, el plácido sueño queda interrumpido por unos crujidos en el pasillo, las chicas se asustan, y deciden pedir a sus gatitos que chupen sus manos para sentir que no están solas. 

A la mañana siguiente los gatos no están, pero ellas los han sentido toda la noche, atraviesan el pasillo y se dirigen aterradas al baño, allí encuentran algo escrito en el cristal con sangre. ¡Los gatos no sabemos de publicidad, estamos hartos de tanto gif y hemos decidido abandonaros!

jijiji

Esta es la historia más terrorífica para nosotras y nos ha apetecido meterla como entradilla, pero ponemos un punto y aparte para contar la que de verdad ocupa la entrada de este blog y que supondrá la primera entrega de un recorrido que descubrirá a publicistas célebres de nuestra historia que, por desgracia, ya no nos acompañan.

Os presentamos a P. T. Barnum

Phineas Taylor Barnum nació el 5 de julio de 1810. Fue un empresario y artista circense al que recordamos por su gran lema “no existe la mala publicidad” y al que podemos considerar el padre de las relaciones públicas.

A Barnum le gustaba el humor y la manipulación, jugar con la curiosidad de la gente, por lo que en 1841 fundó en Nueva York un museo de las curiosidades. Este museo mostraba, para el asombro de sus visitantes, reliquias, animales exóticos y rarezas.

Tanto es así, que posteriormente también fundó del espectáculo “el museo de las rarezas”, el primer circo de tres pistas. Entre las atracciones que presentó en su circo estaba el descomunal elefante que adquirió a través del zoológico de Londres y al que llamó Jumbo. Su campaña publicitaria para dar a conocer el paquidermo fue tan tan exitosa que hizo que hoy sigamos usando la frase “tamaño jumbo” en muchas de nuestras conversaciones.

En esa época Barnum disponía de liquidez para publicidad e inserciones, pero sus comienzos -como los de todos- fueron paupérrimos. Y aquí, la publicidad de guerrilla, aquella que busca la atención del público en espacios públicos, fue primordial para su despegue.

El empresario, endeudado por la inversión que le había supuesto la apertura del museo, decidió ofrecerle trabajo a un mendigo y le pidió que realizase una pequeña performance con ladrillos. El mendigo así lo hizo, congregando a una multitud de curiosos. La actuación, que no tenía mucho sentido, despertó la curiosidad de la gente.

Además de las muchas anécdotas que hay en torno a este personaje, nos dejó una valiosa lección sobre el poder del ingenio.

Y esta noche a las 00.00 h, te pedimos que pronuncies tres veces el nombre de Barnum delante del espejo y luego te dejes de pegos y te vayas a celebrar Halloween como los muertos mandan.

Feliz noche de Sábado Halloween.